
Habíamos madrugado para llegar a tiempo a nuestra reunión. Después de una intensa mañana de trabajo, Jean Pierre y yo fuimos a comer a L'Isle-sur-la-Sorgue. Escogimos una terraza junto al riachuelo donde comimos comida china. Los patos venían buscando algo que pudiera caer al agua. La luz de finales de mayo era clara e intensa, el aire olía a hierba. La villa estaba llena de paseantes y sin embargo se respiraba una calma contagiosa. Así es la Provenza francesa.
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